El motivo de la moda, de la estética y la industria de la cultura de masas en torno a la construcción de una femineidad alienada, son utilizados en su retratos de mujeres, a través de técnicas mixtas y collages de diversos materiales, para hacer una reflexión sobre la identidad y la alteridad -tal es, también, sobre su propia condición de extranjera o migrante en España-, con un profundo sentido existencial. Ucraniana de origen, ha residido en Colombia y Turquía, donde realizó sendas exposiciones individuales, así como colectivas en varios países y, desde 2022, ya en España, con AVAM en la sala Zapadores, en la galería Orfila de Madrid, con ARTESON en Mombeltrán (Avila), entre otras.
Iryna Gragera
Creo en la pintura como un acto de revelación.
Creo que la materia guarda memoria, que cada capa es una voz, una herida, una verdad que insiste.
Pinto para acercarme a aquello que no puede nombrarse, pero respira detrás del rostro y de la forma.
Rechazo la superficie lisa de lo evidente.
Rechazo la imagen que solo representa.
Busco la fisura, lo roto, lo que emerge desde adentro sin permiso.
Defiendo el gesto que tiembla, la línea que se desplaza, la textura que no oculta su origen.
Defiendo la imperfección como territorio humano, la erosión como testimonio, el fragmento como identidad posible.
Creo en el rostro como espejo interior.
Creo en la mirada como umbral hacia lo invisible.
En mis obras, la figura no imita: invoca. No describe: evoca.
La pintura, para mí, es un espacio donde lo íntimo se vuelve forma y la emoción encuentra cuerpo.
Es una conversación entre lo que quiero decir y lo que la materia decide mostrar.
Pinto porque allí, entre capas y silencios, aparece lo esencial.
Pinto para recordar que lo humano no es una imagen: es una profundidad que pide ser vista.

